MUJERES ESPAÑOLAS EN GUATEMALA

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Autor: Lic. Fernando Mollinedo

Hemos dispuesto estudiar la aparición de la mujer hispana en el marco histórico de Hispanoamérica ante la falta de obras que nos ilustren acerca de su presencia y actuación durante la época hispánica, analizando aspectos sociales que desarrollaron en el hogar, en conventos, en la vida religiosa, en las ramas del conocimiento, del arte y en las instituciones sanitarias.

Se conoce cuándo y cómo llegaron los españoles a tierras americanas, también lo que hicieron, pero carecemos de datos fidedignos que nos puedan ilustrar respecto a la presencia de las primeras mujeres españolas que pisaron el continente americano.

El arribo de las primeras mujeres españolas al Nuevo Continente, reviste una importancia tal que no ha sido abordada con el interés que merece; algunos historiadores indican que no se hizo mayor relación a ellas debido al sentimiento machista que en esa época imperó, pues la mujer desempeñó un papel secundario al que  fue relegada en las actividades sociales, económicas de los siglos XVI, XVII y XVIII.

La historiadora española Cármen Pumar Martínez, dice que la mujer española no vino al continente americano con el afán de dominar imperios, sino para realizar un trabajo arduo y silencioso: el de colonizar. Las mujeres españolas de todas clases sociales que emigraron, tuvieron sus propias áreas de influencia e hicieron significativos aportes a la sociedad.

Algunas mujeres escaparon del anonimato histórico debido a sus grandes atributos personales o por hechos que contradijeron los estereotipos aceptables por la sociedad de su época; 45 años después del inicio de la conquista española, en 1569, las ciudades lucieron un reflejo de la sociedad española, sobre todo en el modo de ser y de vivir urbano.

El proyecto de empresa masculina (conquista) se transformó con el tiempo en un proyecto de vida, realizado fundamentalmente por las mujeres españolas, de acuerdo a su estado civil de solteras, casadas y viudas.

En lo que fue el inmenso imperio español, las mujeres que fueron parte integrante del mismo, pudieron realizar sus vidas dentro de las más diversas formas que para ellas se habían abierto.

Se manifiesto la aparición de nuevas y novedosas perspectivas de realización personal que fueron desde la participaciòn activa hasta las aventuras en los descubrimientos en la américa hispánica, donde aportaron su obra de colonización y aculturación haciendo una nueva forma de vida.

La mujer española del siglo XVI apenas tenía plena capacidad civil, pues dependía en gran medida del hombere.  El orden jurídico familiar absorvía de tal modo la personalidad de la mujer, que únicamente en circunstancias excepcionales podía actuar con soberanía de sus actos.

La mujer soltera vivía sometida a la autoridad de sus padres o tutores; sólo salía de su nfluencia al “tomar estado” (matrimonio), pero siempre caía bajo la autoridad eclesiástica si escogía el camino dela religión.  El estado de viudez era el que daba a la mujer más capacida de acción  en la sociedad colonial; en la legislación vigente, la mujer estaba en una clara desventaja legal con el hombre.

Cada mujer española que vino de España, tomó la decisión de venir, por sí misma, ya que por ley, ninguna fue obligada a cruzar el atlántico ni siquiera con el pretexto de seguir al marido.  Aceptaron el viaje y las entusiasmó la aventura, al grado que algunas de ellas dieron a luz en las naves, en los caminos, para venir a establecer sus hogares con otras personas.

Sin embargo, se dice que entre los documentos más importantes que a la presente fecha existen en la Municipalidad de Guatemala, se encuentran cuatro libros de Reales Cédulas, donde aparece que: en los “libros 3, 8 y 9 de Reales Cédulas, Real Cédula, en lo que el Rey mandó que las personas que dejaron mujeres en España, enviasen por ellas, so pena de perder la encomienda de indios que tenían”.

Los españoles al llegar al Nuevo Mundo necesitaban de una casa a la usanza de su tierra, con comidad que les recordaran, las cams tendidas, la mesa bien puesta, flores y oraciones junto a las imágenes de su devoción, cantos y bailes de sus pueblos, vestidos a la moda de entonces.

Necesitaban todo aquello que representaba su patrimnonio cultural; todo este conjunto de factores no podía el hombre lograrlo solo ymenos transmitirlo a los hijos. Esa fue en gran medida la misión de la mujer española en Indias.

Las mujeres españolas en América, aprendieron a disfrutar otros manjares, mezclaron sus costumbres con las de estas tierras y fueron a la vez, esposas, amantes, enamoradas y aún prostitutas de las nacientes ciudades.  Hubo quienes alcanzaron una mayor trascendencia proyectándose a la vida monástica en los beaterios y la vida monástica.

De acuerdo a los datos que aporta la historia económica, las mujeres españolas que vinieron a tierras americanas, desarrollaron también un papel económicamente activo en los conventos virreinales con sus actividades productivas.

Viendo otro aspecto económico, el elemento femenino tuvo necesidades tales como el resguardo y aseguramiento de las hijas solteras despojadas de sus herencias por medio del mayorazgo o por la primacía de los varones y la falta de dote que las obligaba a contraer matrimonios desiguales.

Hubo problemas de orfandad, desamparo de las madres ancianas y la soledad de las viudas, problemas resueltos con la creación de instituciones de tipo claustral.  Para ello fueron creados los beaterios, monasterios y recogimientos piadosos, y como coronación de todo, en un nivel más elevado, los conventos.

EMIGRACIÓN DE MUJERES ESPAÑOLAS

A LAS INDIAS (AMERICA)

1500 – 1600

 

Presentamos algunos datos de importancia en el proceso histórico de la emigración femenina que se desarrolló durante el siglo que comprende los años de 1500 a 1600, (siglo XVI a XVII).

El flujo de mujeres que pasaron a las Indias, en su mayor parte fueron casadas, quienes movidas por diversas razones viajaron junto a sus maridos: el amor, la fidelidad, la familia, las creencias, la búsqueda de riqueza, al afán de aventuras, fueron algunos de los móviles que empujaron al nutrido grupo de mujeres a embarcarse, con lo que dieron lugar al arraigo de la cultura occidental en las Indias.

En la existencia familiar de la mujer, fue el nudo matrimonial el que tejió su ámbito social y cambió su estatuto femenino, de ello deriva que muchas mujeres que viajaron a las Indias lo hicieron para mantener su matrimonio o para contraerlo en ellas.

La organización y el progresivo asentamiento de los dominios españoles en el Nuevo Mundo, fueron haciendo necesario el transporte de pasajeros en pequeñas naves que no estaban adaptadas para viajes transatlánticos.

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DE LOS PERMISOS PARA VIAJAR

En el siglo XVI (años 1500) y en los inmediatos siguientes, fue necesario para poder viajar a las Indias, o volver de ellas, un permiso expedido por la Casa de Contratación de las Indias, que residió en Sevilla, o bien de las Reales Audiencias, los Virreyes o Gobernadores de las Indias.  Estos permisos fueron muy abiertos al principio; pero las circunstancias los fueron haciendo rigurosos, aunque siempre se encontraron modos y formas para burlarlos.

La licencia tuvo varios objetivos, entre ellos, tener un control de la emigración española a las Indias; dejar una constancia en la Casa de Contratación de quienes se marchaban a las Indias para que en el futuro se supiera de sus herederos y sucesores; para ello, se creó en 1550 el Juzgado General de Bienes de Difuntos.

El 9 de septiembre de 1511, por cédula de Fernando El Católico, se permitió pasar a las Indias, islas y Tierra Firme a todos cuantos quisieran, con sólo anotar sus nombres.  El objetivo fue: que las nuevas tierras se poblaran. Usualmente los viajeros de la época fueron frailes, soldados, colonizadores, funcionarios a veces acompañados de sus familias, comerciantes, hombres en busca de fortuna, personas dedicadas a una industria o en algunos casos simples viajeros.  No se consideraba por este tiempo el turismo.

PROHIBICIONES

Salvo expresa licencia del Emperador, se concedieron permisos para viajar a los moros, judíos o sus hijos, gitanos y de hijos o nietos de quien públicamente tuviera “sambenito”, ni nieto o hijo de quemado o condenado por herética apostasía por línea masculina o femenina.  Así mismo se prohibió el paso de de esclavos “blancos”, negros, loros, mulatos y beberiscos.

A partir del año 1552, los pasajeros que solicitaron permiso a la Casa de Contratación de Indias presentaron informaciones previas hechas en sus tierras diciendo quiénes eran y qué no eran; sin embargo se supone que los extranjeros que viajaron a las Indias compraron las licencias reales como cuentan que lo hicieron en 1555 el comerciante inglés Roberto Tomson, su paisano Juan Field y la mujer, hijos y domésticos.  Aunque no especificaron a quién compraron las licencias, puede suponerse que fue a la propia Casa de Contratación de Indias.

Los pasajeros que se embarcaron sin la licencia respectiva fueron castigados con cuatro años de “galeras” (trabajo obligatorio o forzado de remero en las embarcaciones denominadas galeras), pero si fueron personas de “calidad”  con diez años de prisión en la región del Orán.

La anterior severidad tendió a evitar en las Indias los peligros políticos mayores y el contagio de cuanto se consideró herejía.  Los permisos de viaje fueron personales, intransferibles, válidos para dos años, en ellos se consideraron las condiciones que debieron cumplirse en el viaje.

Las mujeres merecieron especial atención: la concesión de la licencia a las mujeres, en cierta medida estuvo supeditada al estado civil que tuviera al momento de pedir la licencia, a las solteras se les prohibió viajar, aunque llegó a permitírseles el viaje a algunas lavanderas, viudas y solteras mayores.

Las mujeres casadas no podían por sí mismas solicitar la licencia, con la intención de que no pudieran emprender el viaje más que acompañadas por sus maridos, o bien, después de que los funcionarios de la Casa de Contratación tuvieran la certeza de que eran reclamadas por su marido desde el Nuevo Mundo.

Cuando la mujer viajó con el marido, éste fue el encargado de hacer los trámites y gestiones para el viaje; en caso el marido hubiere cometido alguna falta, a la mujer se le eximió de la responsabilidad.

En el año 1511, la Casa de Contratación estableció que: “en cuanto a las mujeres solteras – vista su condición –  provean lo más provechoso” más adelante se estipuló: “que no pasen mujeres solteras sin licencia del rey”.  Por los años 1550 se mandó además que: “sean obligadas las mujeres a dar información de su limpieza como los hombres y que no dejen pasar ninguna sin licencia expresa” 2.

En un memorial presentado al Rey por funcionarios de la Casa de Contratación, el 20 de febrero de 1526, se le manifestó: “al servicio de Dios Nuestro Señor y de Vuestra Majestad que muchos hombres casados que están en la dicha tierra de quince años a esta parte, que tienen acá a sus mujeres, les mande que venga a hacer vida con ellas o las lleven allá e si no lo hiciesen se les mande que no estén más en aquellas partes”2.

Existieron varias providencias tendientes a mantener la unión en del matrimonio; a quienes estaban casados y vivieron en las Indias se les apremió para que reclamaran a sus mujeres, quienes recibieron licencias para viajar acompañadas de algún deudo, o personas de su familia y servidumbre para reunirse con sus maridos en las Indias.

Se podría afirmar que a la mujer y al hombre se les exigió la presentación de los mismos requisitos legales para concederle la licencia para pasar a Indias.  En términos generales, cualquier mujer pudo pasar a Indias – excepto en algunos casos particulares -como era el de las mujeres de “vida airada”, el de las hijas y cuñadas de los gitanos, y el de las hijas y nueras de los Virreyes de Nueva España y Perú; éstas últimas no pudieron acompañar a sus padres en el viaje a Indias y residir con ellos, para evitar de ese modo el posible Tráfico de influencias.

El interés de la Corona por mantener la unión de los cónyuges llegó a eximir a las esposas del requisito de licencia y dispuso que dejaran pasar a las Indias a todos los que llevaran consigo a sus mujeres aunque no tuvieran la licencia de su Majestad.

Fueron tantas las disposiciones dictadas que en 1680 se reunió un título especial de las Leyes de Indias denominado “De los casados y desposados en España e Indias, que están ausentes de sus mujeres y esposas”.  En La Española, lo mismo que en el Perú no podían permanecer los casados sin sus mujeres por más de tres años; en Tierra Firme el plazo estuvo reducido a dos años, tal como lo vemos en el siguiente documento.

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Los comerciantes una vez obtenido el consentimiento de su mujer para ausentarse hasta por tres años, recibieron licencia especial que los eximió de comprobar que las mujeres que llevaban eran las suyas, “por la obligación que dejan hecha y fianza dada de volver a estos reinos dentro de tres años” 1

Cuando se vencieron los plazos prescritos por la ley, se instó a las autoridades locales para que los maridos fueran apremiados o bien enviados a la cárcel sin remisión alguna, aunque hubieran tenido ya mucho tiempo de estar en en Indias.

EL POBLAMIENTO

Los viajes constituyeron una empresa azarosa desde el principio hasta el fin.  Casi parecía probable que el pasajero no llegara a su destino, o que lo lograra luego de soportar todos los horrores y vicisitudes del océano.

La madurez de la colonización española en américa fue posible por el traslado de numerosos núcleos familiares formados por los que abandonaron su tierra y llevaron consigo todo – lo poco o mucho que tuvieron –  y que en el continente americano dieron solidez y firmeza a la empresa iniciada en 1492.

Tomando en cuenta el papel que desempeñó la mujer española como mujer, madre y esposa en la sociedad de ese tiempo, analizaremos su aportación a la Historia colonial, ya que además de sus personas, en su vida cotidiana impregnada de valores culturales occidentales con hondas raíces cristianas, cimentaron la transformación de la cultura aborígen dando lugar al mestizaje cultural que aún susbsiste en la actualidad.

La colonización española en América se vió cimentada con la sencillez de la vida de las mujeres que por una u otra razón emigraron a este continente, algunas costeándose el pasaje con la venta de sus haberes y la inversión para gastos de alimentos, ropas, enseres y otras cosas.

De la emigración femenina – no completa por supuesto –  se tiene un conocimiento fidedigno gracias a la documentación que obra en el Archivo General de Indias, Sección de contratación, acerca de la creación del JUZGADO GENERAL DE BIENES DE DIFUNTOS creado en 1550, institución administrativa que se encargó de hacer efectivas las disposiciones de los y las emigrantes españoles que otorgaron testamento en España y el Nuevo Mundo, con ocasión de emprender el viaje de ida, regreso ó en su caso por sucesión intestada.

A partir del descubrimiento del Nuevo Mundo, en España se produjo un desplazamiento de población hacia Sevilla, ciudad  denominada “el astillero de Castilla” pues era la ciudad-puerto obligado pase, para contratar e iniciar el viajea las indias occidentales; además allí fue fundada la Universidad de Mareantes y se dió también la creación del Almirantazgo, la Casa de Contratación y el Consulado.

El derecho a comerciar y a residir en el Nuevo Mundo quedó establecido como un privilegio a los súbditos españoles y el comercio y tráfico con aquellas posesiones fueron centralizados en un solo puerto, el de Sevilla.  El atractivo e importancia que tuvo esta zona provocó que más de la mitad de las mujeres que embarcaron con destino a las Indias procediesen de la región de Andalucía, y de todas éstas, Sevilla aportó la tercera parte del total.

Esto produjo que Sevilla se hiciera cosmopolita y por tanto la ciudad española que diera la mayor aportación de su población femenina y maculina en la acción de poblamiento en los distintos puntos del recién descubierto Nuevo Mundo.  Las mujeres merecieron especial atención en la legislación relacionada con los permisos de viaje.

La Corona, en las ordenanzas dadas a los descubridores, tenían como primer objetivo: “descubrir, conquistar, poblar y comerciar”.  Este poblamiento en los primeros años fue posible por la presencia de hombres y mujeres y en numerosos casos familias enteras en las expediciones.

El asentamiento de la mujer española en las Indias, principió a partir del segundo viaje de Cristóbal Colón, puesto que en él transportó algunas mujeres.  Para el tercer viaje, los Reyes Catòlicos otorgaron una real cédula en la que se ordenaba que entre los 330 emigrantes que iban, fueran 30 mujeres, es decir casi el 30 por ciento del total.

Aparte de estas mujeres a quienes se les denomina “las pioneras”, los conquistadores y funcionarios principiaron a llevar consigo a sus mujeres o a reclamarlas a la Península.

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ALGUNAS MUJERES ESPAÑOLAS QUE VIAJARON AL NUEVO MUNDO

ANA NAJERA, originaria del municipio de Triana, en Sevilla, casada con marino Portugués, viajó con él debido a que era moza (joven) y no quiso dejarla sola porque era celoso.  Falleció a bordo de un barco a causa de la explosión de un cañón cuando disparaba salvas a la salida del puerto de San Juan de Ulúa en Veracruz.

MARÍA RODRIGUEZ, originaria del municipio de Triana casada con  marino Portugués.

MARÍA DEL PORTILLO originaria del municipio de Triana casada con un comerciante, otorgó su carta de dote en 1588.

DOÑA MARIANA MORGUIZ, originaria de Vallisol, enviaba sus cartas desde México a través de un emisario trianero.

DOÑA MARÍA DE GUZMAN originaria de Sevilla, establecida en la ciudad de Zaragoza, ciudad perteneciente al Nuevo Reino de  Granada en el Departamento de Antioquia en la actual Colombia.

Esposa de Gaspar Encinas, Alfarero de Triana establecido en Puebla de los Angeles, Nueva España.

ANA LOPEZ, originaria de Sevilla, hija de Juan de la Sierra y de Juana López, ambos vecinos de la ciudad de Sevilla *1.  Se casó y veló en la ciudad de Sevilla con Alonso Ruíz, natural de Cazalla desde donde se fue a la Indias donde procreó a una familia muy numerosa; al momento de otorgar su testamento sólo le quedaba una hija casada que además vivía en Sevilla.

DOÑA MARIA DE TOLEDO, 1509. Virreina, esposa del Almirante Diego Colón, con quien – al decir de Fray Nicolás de Ovando – Con ella llegaron algunas dueñas y doncellas hijasdalgo, y todas, la mayoría mozas, se casaron con hombres considerados ricos.

LAS HERMANAS JUAREZ, hijas de Juan Juárez, a quienes Fernández de Oviedo consideraba bonitas, una de ellas se casó con Hernán Cortés después de múltiples incidentes.

Otra de las damas que acompañaron a la Virreina fue doña MARIA  DE CUELLAR, hija del contador Cristóbal de Cuellar que se casó con el conquistador de Cuba Diego Velásquez en un día domingo para morir el sábado siguiente.

DOÑA ISABEL DE BOBADILLA, casada con el Gobernador Pedrarias Dávila.

MARGARITA DE VERGARA, mujer del cronista Fernández de Oviedo, parte del cortejo que llevaba a las Indias doña Isabel de Bobadilla.

FRANCISCA DE LA CUEVA, esposa del Capitán General Pedro de Alvarado Mesías y Contreras, conquistador de Guatemala.  Falleció en el puerto de Veracruz debido a fiebres provocadas  por el mal clima.

BEATRIZ DE LA CUEVA, hermana de Francisca De la Cueva, casada con su cuñado Pedro de Alvarado, en el cortejo trajeron con ellos a un grupo de veinte doncellas ” de buen gusto”[1].

Esposa del Corregidor de la Villa Imperial de Potosí, Don Pedro Lodeña, quien pasó con su mujer e hijos y seis criados – dos de éstos con sus mujeres e hijos –  dos pajes y diez mujeres de servicio, de las que siete eran solteras y tres viudas.  El cortejo sumaba 30 personas que era al mayor número que se permitía de personal de servicio para llevar a las Indias.

LUISA SANCHEZ,

LEONOR BERNAL cuyo marido estaba residente en México en 1566.

MARIA DE FUENTES viajó a México a reunirse con su marido, se embarcó en el puerto de Sanlúcar.

JUANA TELLO, oriunda de Triana, cuyo marido en la Habana se desempeñaba como tonelero.

ANA DE SANTIAGO, Sevillana.

ISABEL HURTADO, oriunda de Sevilla, viuda, al quedar huérfana de madre fue requerida desde Lima por su hermano Diego Hurtado.

JUANA HURTADO oriunda de Sevilla, soltera, hermana de la anterior, vendieron sus propiedades para no tener la tentación de volver.

CLEMENCIA PONCE DE LEON oriunda de Triana a quien su marido llegó a recoger a Vera Cruz.

Sobrina de Diego Jaimes quien vivía en Guatemala, al llegar la nao al golfo la envió un avío de mulas para transportarse a la ciudad.

ISABEL CARRERA oriunda de Sevilla fue requerida por su marido en 1566.

DOÑA CONSTANZA DEL RIO oriunda de Sevilla, llevaba entre sus pertenencias un coche para su transporte en Portobelo.

MARIA DE CABRERA oriunda de Sevilla, viajó con su marido.

ISABEL DE SAAVEDRA contaba con una silla de asentar y cargar sin cubrir.

ANTONIA BRICEÑO, Sevillana establecida en la ciudad de Panamá circulaba en una silla de sentar en carro, cuando murió nombró como heredera de todos sus bienes a Juana de Cabrera, hija suya que tuvo en Sevilla cuando era soltera. Sin embargo, después de notificar en Sevilla su fallecimiento nadie acudió a reclamar los bienes heredados los cuales pasaron a manos de la Corona.  A su muerte debía el tercio del alquiler de la casa donde vivía.

LUISA LORENZO y su marido iban preparados para continuar el viaje por tierra al llegar a Vera Cruz.

FRANCISCA DE TAPIA tenía una carroza con sus mulas.

MAGADALENA DE PEDRAZA quien contaba entre su haber una silla de manos forrada de Damasco y terciopelo carmesí y banqueta.    Y una carroza forrada en terciopelo carmesí con sus mulas, todo con los cojines de terciopelo y cortinas de Damasco.

LEONOR DE MENDOZA PONCE DE LEON oriunda de Sevilla, casada en segundas nupcias con un caballero llamado Pedro Manrique, un   criollo limeño que fue Regidor de Lima, casados en la parroquia sevillana de La Magdalena se fueron a ellas, en camino al Perú falleció de parto en Tegucigalpa.

MARIA DE LOS REYES CABRERA, establecida en Vera Cruz con su  marido, su familia estuvo compuesta por cinco hijos y uno que estaba por nacer.

DOÑA MENCIA CALDERON, cuyo marido iba a tomar posesión como Gobernador de la provincia del Río de la Plata, a punto de salir hacia las Indias falleció, pero ella siguió el viaje y se embarcó con sus tres hijas doncellas y un hijo a quien su  Magestad traspasó la gobernación.

ISABEL DE ESPINOZA, sevillana que fue al Perú, residente en el Potosí, mantuvo relación epistolar con su hija Doña Francisca Alba a quien dejaron con su abuela y con una tía en el pueblo de Malpartida.

CATALINA DIAZ viajó a Campeche en unión de su hijo de 17 años, arrendó varios aposentos que tenía en usufructo propiedad del Señorío del Alcázar de Sevilla.  Ambos fallecieron en la  travesía

MARIA SANCHEZ sevillana requerida por su marido quien era Tenedor de Bastimentos en las Reales Armadas del Callao.

CATALINA NUÑEZ cuyo marido residente en Puebla de los Angeles la requirió.

MARI DIAZ viajó con todos sus hijos, incluso un recién nacido.

LORENZA DE RIBERA, sevillana, escribió una carta de matalotaje donde describió la medida de los baúles que utilizó para realizar su viaje. Se dedicó a la compraventa de joyas, pidió un préstamo para viajar a la ciudad de México en 1598.

CATALINA DE ESPINOZA oriunda de Sevilla, viuda, solicitó licencia para ella, un su hijo y una mujer de su servicio, pasó al Perú y de allí a La Plata requerida por su hermano Luis de Espinoza, presbítero clérigo de La Plata quien la iba a “favorecer”.

LUISA LORENZO esposa de un doctor, se embarcó en el año 1562 hacia el Nuevo Mundo con destino a la ciudad de México con toda su familia; para ello tuvieron que recurrir a un préstamo con el que afrontaron los gastos y otorgaron una carta de obligación en “las casas de su morada” a ISABEL MANSILLA, su hermana, poniendo como aval todos sus bienes.

En el viaje únicamente sobrevivieron un hijo llamado Julián y dos esclavos. Con parte de los bienes que llevaban sus padres pago el coste del viaje (110 ducados).

JUANA FRIAS soltera, oriunda de Sevilla, pidió licencia con su hermana para pasar a Indias, presentaron la documentación consistente en la partida de bautismo para demostrar su  condición de “cristianas viejas”.

ANA DE SANTIAGO fue requerida por su marido desde Nueva España.

MARIA DEL PORTILLO esposa del Capitán Francisco Pérez Granillo y sus hijas fueron detenidas en Veracruz por viajar sin licencia y muchas mercaderías sin registrar.  Se les siguió un juicio por fraude, el esposo falleció durante la sustanciación del mismo.

BERNARDINA DE LA CRUZ vecina y residente de Sevilla, se estableció en La Habana con un negocio de pita con el cual mantuvo a su marido e hija.

MARIA REINOSO mujer del Licenciado García de Valverde, Presidente de la Audiencia de Guatemala, quien – al morir en 1600 – dejó a sus hijos únicos herederos sin mencionar a su viuda.

MUJERES SEGOVIANAS QUE VINIERON AL NUEVO MUNDO

ISABEL DE BOBADILLA, oriunda de Segovia, se casó con Pedro Arias Dávila, conocido como Pedrarias Dávila, procreó a dos hijas quienes quedaron en España cuando viajó con su esposo a Panamá, región del Darién llamado ” Castilla del Oro “.

MARIA DE PEÑALOSA, Oriunda de la ciudad de Segovia, desarrolló su vida en la Colación de San martín, hija del señor Pedro Arias- Dávila y de la señora Isabel de Bobadilla.

Se casó en primer matrimonio con el Adelantado del Mar del Sur, Vasco Núñez de Balboa cuando su padre Pedrarias Dávila ejerció la función de gobernador en la provincia de El Darién  en Panamá.

Se casó en segundas nupcias con Don Rodrigo de Contreras en 1524, quien fue nombrado Gobernador de Nicaragua en sustitución de su padre Pedrarias.  Viajó en 1536 acompañada de sus hijas e hijos y numeroso séquito, falleció en Lima el 25 de mayo de 1573.

Ejerció funciones de Gobernadora junto a su esposo y se opuso  a la política protectora hacia los indígenas de Fray Bartolomé de Las Casas en Nicaragua.  Uno de sus hijos – Hernando – asesinó al Obispo de León.

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ACERCA DEL FALLECIMIENTO DE MUJERES ESPAÑOLAS EN EL NUEVO MUNDO

Cuando se produjo la muerte de españolas en poblaciones donde no hubo Cabildo, Juez, ni Tenedores de Bienes, la responsabilidad de dictar las medidas cautelares respecto a los bienes recayó en el Juez habilitado que fue “la persona a quien estuvo encomendado el pueblo cuando estuvo presente o a quien en su lugar estuvo, junto con el cura del lugar, para inventariar escrupulosamente su patrimonio”.

Como en algunas ocasiones se producía la muerte de una española en una población en la que no había cabildo, ni juez ni tenedores de bienes, la responsabilidad recaía en el Juez habilitado que “era la pesona a quien estuviera encomendado el pueblo, hallándose presente o a quien en su lugar estuviere, juntamente con el cura del lugar”.

En el caso de fallecimiento ab intestato, las autoridades nombraron un albacea quien después de recoger los bienes de difuntos hizo almoneda y se la enterró con moderación y el menor gasto que se pudo.

MUJERES ESPAÑOLAS EN GUATEMALA

La mujer hispana, llegó a Guatemala, no se sabe exactamente quién o quiénes fueron las primeras, sin embargo, Edgar Juan Aparicio en su libro “Los Conquistadores de Guatemala” indica que la primera mujer hispana que vino a Guatemala fue CATALINA LORENZO DE LARIOS – esposa del conquistador de méxico Alonso Larios – según documentación que obra en la ciudad de México.

El trayecto obligado desde España fue hacia Cuba, de donde partieron por dos vías: la primera a Veracruz, de donde se trasladaron a la capital de la Nueva España y posteriormente a Teguantepeque y Soconusco, ingresando por Chiapas a Guatemala; la segunda, por Puerto Trujillo en Honduras, de donde viajaron por tierra a Izabal, allí se embarcaron hacia Gualán y el último tramo del viaje fue realizado por tierra hasta Guatemala.

Debemos recordar que Pedro de Alvarado a sus 42 años contrajo nupcias en enero de 1528 en la ciudad de Burgos España con doña  FRANCISCA DE LA CUEVA mujer rica de 35 años perteneciente a la nobleza, sobrina del Segundo Duque de Albuquerque, quien le acompañó en su viaje de retorno a la Capitanía General de Guatemala, doña Francisca falleció en el puerto de Veracruz a su arribo en el mes de octubre de 1528; junto a ellos vinieron también 24 frailes dominicos.

En un posterior viaje de Pedro de Alvarado a España en 1536, donde previa dispensa eclesiástica del Papa Paulo III, se unió en matrimonio con su cuñada BEATRIZ DE LA CUEVA  quien contaba a la fecha con 39 años (Alvarado 54), vinieron acompañados de varias naves con casi 400 personas abordo ingresando por Puerto Caballos en Honduras en septiembre de 1539 para llegar a Guatemala.

Algunos historiadores indican que Beatríz de la Cueva viajó a finales del año 1542 en compañía de su hermana Francisca y de veinte mujeres nobles quienes fueron traídas exprofesamente para que contrajeran matrimonio con caballeros españoles que residían en Almolonga.

 Entre las doncellas que trajo Pedro de Alvarado se encuentran: MARIA DE HOROZCO quien contrajo nupcias con el nieto de Cristóbal Colón en la isla La Española, sin embargo ésta continúa viaje a Guatemala donde Pedro de Alvarado la dió en matrimonio a Francisco de Castellanos.

AGUSTINA CAVA, mujer del capitán Francisco Cava, de oficio hechicera, amante de Pedro Portocarrero, esposo de Leonor de Alvarado (Hija de Pedro de Alvarado).

MARIA DE OVANDO hija de uno de los principales conquistadores, quien fue raptada por el sobrino del obispo Francisco Marroquín y desposada posteriormente en El Salvador con un hidalgo español 4 de enero de 1543 desde la Villa de San Pedro, provincia de Honduras, el Licenciado Alonso Maldonado escribió al Ayuntamiento de la ciudad de Santiago, informándole que el miércoles 3 de enero, arribaron dos embarcaciones, una con procedencia de San Lucar de Barrameda conduciendo “muchas mujeres de Castilla“.  La otra nave había partido de Santo Domingo, trayendo la primera barcada de negros… en un número de 150 piezas.

17 de abril de 1553, Su Magestad aprobó la fundación en Guatemala y dotación del Colegio de doncellas de Nuestra Señora de la Presentación.

18 de diciembre de 1559, se envió carta de la Real Audiencia a su Magestad, haciéndole ver la necesidad de la fundación de un colegio o casa de recogimiento de doncellas pobres y huérfanas.

6 de febrero de 1643.  Acordó el Ayuntamiento hacer fiestas de plaza y un sarao para recibir a doña Ana de Rentería esposa del Presidente don Diego de Avendaño.

El 10 de octubre de 1681, Fray Francisco Vásquez, de la Orden de San Francisco, solicitó al Ayuntamiento certificación de una carta del adelantado Pedro de Alvarado en la que “avisa a este Ayuntamiento que venía casado y traía treinta doncellas”.

MESTIZAJE: El mestizaje físico que dió orígen a un nuevo estamento social, no se hizo esperar, puesto que hubo nacimientos producto de uniones legales e ilegales, de hombres españoles y mujeres indígenas, de mujeres españolas con hombres mestizos y muy poco se sabe acerca de algún caso de mujeres españolas con hombres indígenas; esto dió lugar al crecimiento poblacional con su respectiva ubicación social.

ALIMENTACIÓN:  La alimentación y el arte culinario son parte de la riqueza cultural de un pueblo, de ahí que la mujer como ama de casa y a quien le correspondía la misión de preparar alimentos para su consumición, tuvo una gran importancia en la transmisión de las costumbres españolas a Indias.

MODA: VESTIDOS FEMENINOS. “Mirando los chapines se veía a Valencia; en el oro de la faldilla basquiña a Milán; en el Agnus y demás reliquias a Roma; en las brujerías y briquiñas de vidrio se verá a Venecia; en las perlas y corales a las Indias Occidentales; en los suaves olores a las orientales; en los lienzos a Flandes e Inglaterra, de suerte que es un mapa del mundo, donde van reunidas las mayores partes del Mundo”.

El valor de los trajes era muy elevado por la carestía y escasez de las telas, la dificultad que suponía la confección de un vestido completo y a veces por su recrgado y costoso ornato.  Todos estos factores hacían de las prendas de vestir  unas piezas muy valiosas, dignas de ser heredadas de madres a hijas y con mucha frecuencia eran empeñadas como una fuente segura de ingresos.

EL LUTO: Era un tradición que se conservó como una costumbre centenaria; una prenda que no podía faltar en el vestuario de una mujer; fue el “monjil” que consistía en un traje negro de paño recio que se usaba para guardar los lutos.  La costumbre era que esa tristeza por la muerte de un familiar o conocido se reflejase en el atuendo de la mujer.

LA CULTURA Y LAS LETRAS: La mujer actuó como transmisora de cultura y la lengua; se destaca la contribución cultural en la acción colonizadora especialmente a través de la familia.  La mentalidad de la época en relación con la educación de la mujer era que su primera formación se encaminase a saber las tareas domésticas; luego en casos aislados se podía acercar al mundo de las letras.

RELIGIOSIDAD POPULAR: Fue otra de las aportaciones que la mujer trajo a las Indias (cofradías, procesiones, culto y veneración a la Limpia Concepción, el baile de los seises ante el Santísimo).

LA CARTA DE LIBERTAD: Las relaciones existentes entre las españolas (sevillanas) y sus esclavas africanas (negras) en los momentos cercanos a su suerte, se plasmaban en  vida cotidiana en la entrega de la carta de libertad.

ENTIERROS: Existían distintos tipos de funerales atendiendo a los recursos económicos con que contaba el difunto, de ahí que se distinguiera entre el entierro mayor y menor; en esencia era lo mismo, sólo que contaba con la asistencia de un elevado número de sacerdotes y se usaba la cruz alta, y una serie de elementos rituales. Cuando la posición social de la mujer era elevada suelen aparecer disposiciones en torno al lugar donde debían ser enterradas, con frecuencia en enterramientos de la familia.  Así mismo había de cuidarse de modo especial el traje con el que se llegaría ante el Padre Eterno.

A mediados del siglo XVI, el desorden en el acompañamiento de los entierros debió de llegar a ser tal, que la Corona en 1567 prohibió los llantos desmedidos con los que las mujeres alquiladas llenaban de suspiros el aire de los duelos y entierros.

 B I B L I O G R A F I A

 

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[1]Fernández de Oviedo, Gonzalo. Historia General y Natural de las Indias, Islas y tierra Firme del Mar Océano@ p.41. Madrid,1985.


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