LA VERDADERA GUATEMALA, SEGÚN TOMMASO CAIVANO (1895)

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LA VERDADERA GUATEMALA,

SEGÚN TOMMASO CAIVANO (1895)

 

                                 Lic. Fernando Mollinedo

                                 licmollinedo@guatehistoria.com

 

TOMMASO CAIVANO, viajero y escritor de origen italiano, viajó por varios países de América Latina en donde ejerció de una manera especial su profesión de periodista-escritor haciendo críticas al sistema legal de El Perú, al sistema económico de Argentina y del Paraguay.  Vino a Guatemala durante la gestión administrativa del Presidente José María Reyna Barrios con quien  entabló amistad y le pidió que escribiera un libro para dar a conocer al mundo las bellezas naturales de Guatemala y por supuesto, las “bondades” del gobierno de turno.

Caivano como todos los extranjeros que vienen a Guatemala, vivió en forma cómoda pues gozó de las bondades del poder mientras escribía el libro requerido; no es conocida la razón por la que cayó en desgracia ante el gobernante y por supuesto cuando el libro estuvo listo para su entrega, ya no pudo cobrarlo y ante el temor de perder la vida, volvió a su país llevándose su trabajo.

Tal problema, hizo que Tommaso Caivano cambiara su opinión con respecto de Guatemala, su población y su sistema político, manifestado tal criterio en un libro escrito en idioma italiano y cuya versión al castellano fue impresa en la tipografía de Salvador Landi en la ciudad de Florencia en el año 1895.

Les presentamos este extracto del libro mencionado respetando la ortografía de la época.

En la parte introductoria, Caivano escribió: “Es costumbre general de casi todos los escritores que visitan algo á la ligera algún país americano, verlo todo a través de un prisma color de rosa.  La novedad de los sitios y de las costumbres, el encanto de una caprichosa y exuberante vegetación y la despreocupación característica de todo aquel que viaja por placer, predisponiendo el ánimo á la benevolencia.

Y rodeados casi siempre, durante su corta permanencia, por la clase más afortunada del elemento extranjero y de todo lo que hay de más selecto en la sociedad local, sólo conocen lo mejor, y les falta tiempo y ocasión para conocer y estudiar las llagas y la verdadera naturaleza del país; de donde nace que sus relatos – de un optimismo muy lejano de la verdad – sean más bien fantásticas narraciones de ensueños o visiones, que de hechos reales y verdaderos”

Como paradoja del destino, lo anterior fue escrito por Tommaso Caivano como una forma de exculpar por anticipado la forma y fondo del contenido de su libro, pues los motivos reales de su enemistad con el Presidente no fueron conocidos por la población.

“Visitámos más de una vez las diversas regiones de América, á alguna de las cuales, en las que residímos más largo tiempo, hemos dedicado mucha parte de nuestros estudios; y tuvimos muy á menudo ocasión de conocer y palpar, digámoslo, los tristes efectos de esos libros.

Fuimos al Guatemala, con el único objeto de conocerlo y estudiarlo de cerca.  Y ayudados por la experiencia, pudimos dar á nuestros estudios y á nuestras investigaciones, toda la seriedad necesaria para llegar al conocimiento exacto y verdadero del país.

Probablemente, nuestro libro no será bien recibido en el Guatemala de hoy; porque así á la generalidad de los pueblos, como á la de los hombres, gustan las alabanzas…. aunque inmerecidas; y porque el viejo refrán latino veritas odium parit, es y será siempre una gran verdad.  Mas si nuestra labor sirviera á hacerle corregir, siquier no fuera más que uno sólo de los tantos errores sobre los cuales llamamos su atención, encontraríamos nuestro más satisfactorio galardón en el beneficio que él sacara de ella.

De todos modos, nos quedará muy agradecido el Guatemala de mañana…. el de las futuras generaciones: de eso estamos seguros.

En el Guatemala, los partidos políticos nacieron y se afirmaron durante el tempestuoso período de la Confederación; ó más bien, durante las luchas de la Confederación se manifestó y tomó cuerpo, bajo la forma y el nombre de partidos políticos, una secular rivalidad de razas que únicamente la fuera de las circunstancias, ó condiciones sociales propias del antiguo régimen colonial, habían tenido adormecida hasta entonces.

Destruidos con la proclamación de la República los antiguos y tradicionales privilegios de sangre, abolidas las gerarquías sociales, y roto de esa manera aquel estado de inferioridad y servidumbre hacia la raza blanca ó criolla, en que la raza mestiza de los ladinos había nacido y vivido siempre, éstos hinchados de ambición y ávidos de poder – de aquel poder que habían visto siempre muy encima de ellos por el pasado, y nunca al alcance de sus manos – fueron los primeros á bajar en la lid, al principio para conseguir simplemente su parte, y después, crecida la ambición, para absorberlo por completo.

Muy equivocado andaría pues, quien, oyendo hablar en el Guatemala de partido conservador y partido liberal, creyera verdaderamente que lo que los distingue fuesen los diversos principios de gobierno en los que se inspiran sus respectivas escuelas. No, es una simple diferencia de razas, repetimos; y por partido conservador hay que entender el partido de los blancos ó criollos; así como por partido liberal hay que entender el partido de los ladinos, ó mestizos.

Las denominaciones son: para el partido conservador ó de los criollos, la de cachureco, palabra que no se halla en nigún diccionario, y que en el lenguaje vulgar quiere decir bien nacido, señor; y para el partido liberal ó de los ladinos, la de Panterista ó sea un derivado de pantera, y equivale á sediento de sangre, denominación que nació y se hizo de pronto muy popular algún tiempo después de la época de que nos ocupamos en este momento, es decir, cuando los ladinos, llegados al poder, dieron suficientes pruebas de bien merecerla.

Guatemala, generalmente considerada como la capital moral, ó pequeño paraíso de la América Central, ejerce por esta nombradía una verdadera fascinación en el ánimo del viajero que se dirije hácia ella desde Panamá.  Y después de haberse extasiado, desde su salida de San José, en la contemplación de los hermosos panoramas sembrados por la Naturaleza en toda la vasta región atravesada por el ferrocarril, es muy justo y racional que él, aun siendo de los ménos crédulos, llegue allí como en una atmósfera de ilusiones que poco á poco ha ido forjándose su imaginación, cierto y seguro de encontrarse en una bella y encantadora ciudad, en donde el hombre y la naturaleza trabajen de consumo para hacer de ella una de las más agradables moradas del mundo.

Mas, oh desengaño!…. oh cruel desilusión! Casas bajas de un solo piso y de pobrísima construcción, con techos en ángulo agudo cubierto de tejas muy toscas y muy recargadas de ese muzgo negro con que la humedad va manchando poco á poco, con el largo transcurso del tiempo, las cosas viejas y descuidadas…. unas tejas muy feas, que sobresalen de la pared por unos 25 ó 30 centímetros, y por donde corre el agua á chorritos sobre las aceras de las calles, toda vez que llueve; calles angostas, de construcción antigua como las tejas, altas de los costados y huecas en el centro, cuyo grosero empedrado, todo sembrado de pequeños fosos y de las piedras salidas de aquéllos, que andan por acá y por allá á impulso de los piés de hombres y de animales…. Guatemala presenta en su conjunto todo el aspecto triste y mezquino de una cosa vieja y abandonada, ó sea de una vieja ciudad de provincia de donde desertara desde mucho tiempo atrás la parte más selecta de sus antiguos moradores, y que la falta de vida y movimiento condenó á perpétuo estancamiento.

Ni es esto lo peor. Comenzando desde la estación el ferrocarril – de una mezquindad verdaderamente extraordinaria, delante de la cual se abre una plazuela que tiene todo el aspecto de un muladar, por las muchas inmundicias que la decoran – y andando desde allí hasta el otro extremo de la ciudad, toda ésta no es mas que un facsímil ó como se quiera, una copia poco corregida y muy dilatada de la nauseabunda plazuela del ferrocarril.

Y efectivamente, la primera sensación que hiere al extranjero, tan luégo como sale por primera vez por las calles de Guatemala, es un hedor de lo más desagradable, ordinariamente ténue, como si viniera de muy lejos, y que á ratos sube de punto hasta llegar á ser muy molesto, toda vez que se pasa por delante de las puertas de las habitaciones, si se hallan abiertas, y siempre que se hace el poco grato encuentro de dos ó más mujeres juntas de las ínfimas clases: de todo lo cual hay que buscar los orígenes, no solamente en el poco aseo de las personas, como algunos créen, sino que también y principalmente en la ninguna limpieza de la ciudad, en todo lo que debiera ser objeto de servicio público, que es completamente desconocido y primera causa de la poca ó ninguna limpieza de las casas particulares y de la generalidad de los habitantes.

Durante la época colonial se construyeron unas pequeñas alcantarillas en las calles principales de la ciudad; pero, además de ser limitadas á muy pocas calles, mal construidas como fueron en su origen, y muy descuidadas como han sido después, se han convertido desde muchísimos años há, en verdaderos receptáculos de inmundicias; siendo así que sería muy deseable que no existieran absolutamente.  Ni está dicho todo, con decir que no hay alcantarillas: no hay ni siquiera pozos negros, ó bóvedas de escusados, con excepción de muy pocas casas; así como no hay y no tuvo nunca la ciudad ni el más mezquino servicio e limpieza pública, para la estracción de las inmundicias diarias de las casas; á todo lo cual se agrega que, entre las reformas introducidas en la administración pública por el actual Gobierno de Reina Barrios, hubo últimamente la de suspender aun el imperfecto servicio de barrido de las calles que hacían antes los presos ó detenidos, y que ahora se practica sólo por excepción en ocasiones de fiestas y otras solemnidades públicas.

Como todas las antiguas ciudades americanas de origen español, Guatemala está construida en forma de damero, ó tablero de ajedrez, con calles rectilíneas por lo largo y por lo ancho, que se cruzan a la distancia de ochenta metros; de donde nace, que la parte habitada se compone de tantos dados de ochenta metros cuadrados cada uno, cuyas casas están pegadas unas á otras sobre los cuatro lados del dado, teniendo todas ellas un fondo interior que se prolonga como regla general hasta la mitad del cuadrado.

Ahora bien, este fondo interior que en las otras ciudades americanas transformadas por el progreso moderno, ó no existe ya, ó ha sido convertido en un delicioso jardín, en Guatemala, que la moderna civilización no ha visitado aún, sigue siendo siempre el inmundo corral del siglo pasado; ó sea una especie de patio interior, con un pequeño techo en uno de sus lados, que es á la vez establo, gallinero y lugar de depósito de todos los detrítus de la casa y de las inmundicias de todas las clases, haciendo así el servicio y las veces de las ausentes alcantarillas y del desconocido servicio de limpieza pública.

Las pocas casas ricas, ó medianamente tales, tienen la costumbre de hacer extraer cada diez ó doce días los detrítus diarios acumulados en el corral, ó sea toda vez que hay lo suficiente para llenar un carro; lo que, si no es mucho á favor de la higiene, es algo á lo ménos; y algunas entre ellas tiene además un regular pozo negro, ó bóveda, para las inmundicias no transportables en un carro no hecho expresamente para ese uso – de los que no hay ni uno solo en toda la ciudad.  Mas todas las demás casas, ó sea unas 6000 por lo menos, sobre las 6489 que las hay en toda la ciudad entre grandes y pequeñas, ni tienen pozo negro, ni hacen extraer nunca sus detrítus; siendo así que, detrítus é inmundicias de toda clase, todo queda acumulado allí, en el corral, á disposición de los Zopilotes, que son los únicos consumidores de todo eso.

Los Zopilotes son unos pájaros inmundos, negros como el carbón, y de la forma y tamaño de un pequeño pavo: viven de inmundicias y de toda clase de materias orgánicas en estado de putrefacción; y toda la ciudad está llena de ellos.  Hay tal vez mas Zopilotes que habitantes.  Acostumbrados á la compañía del hombre, de quien no tienen el menor miedo, andan continuamente por los techos de las casas; y tan luégo como ven algo de apetitoso para ellos, sea en las calles, sea en los corrales, corren allí en tropel á devorarlo, dando espectáculos, en verdad, poco atrayentes.  Pero son tan útiles, que es verdaderamente el caso de decir: ¡ay de Guatemala….si no estuviera bajo el alto patronato de los Zopilotes!

Desgraciadamente, el servicio de baja policía ó de limpieza pública espontánea y gratuitamente asumido por los Zopilotes, no impide ni la evaporación de las aguas sucias, ni la fermentación de las tantas materias impuras que ellos no acostumbran ó no pueden introducir en sus voraces estómagos.  Y nace de todo eso, que el interior de las casas esté siempre saturado de un aire metífico, del que se impregnan á su vez los vestidos de sus habitantes. – principalmente las mujeres, que pasan más tiempo en ellas – y que sus cálidas bocanadas, cuando se abren las puertas, fueran tan molestas para los transeuntes; es decir, para los transeuntes extranjeros y que se hallen desde poco tiempo en Guatemala; porque los hijos del país, lo mismo que los extranjeros que viven allí desde algún tiempo, se hallan tan acostumbrados ya á ese hedor.

Las farmacias constituyen el ramo de comercio más extenso y productivo de la ciudad, después del aguardiente y demás licores”.

Hemos presentado a los lectores y lectoras de Guatehistoria.com una visión que permite conocer algunos aspectos de la vida diaria de Guatemala a finales del siglo XIX (año 1895); la carga emocional negativa del escritor fue motivada por el incumplimiento económico del Presidente guatemalteco, sin embargo, la Historia nos presentará algún día las razones por las que verdaderamente Tommaso Caivano escribió dicho libro.  Esperamos que este “brochazo” de historia guatemalteca nos haga comprender algunas de las costumbres que aún perduran en este país.-

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Carlos Garzaro
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